martes, 12 de marzo de 2013

LUZ COMPARTIDA



Hu-Song, un filósofo de oriente, contó a sus discípulos la siguiente historia: 


Varios hombres habían quedado encerrados, por error, en una oscura caverna donde no podían ver casi nada. Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña tea, pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendiera su propia tea, y así, compartiendo la llama con todos, la caverna se iluminó.

Uno de los discípulos preguntó a Hu-Song: ¿Qué nos enseña, maestro, este relato?

Y Hu-Song contestó: "Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer".








El compartir nos enriquece en lugar de hacemos más pobres. Los momentos más felices son aquellos que hemos podido compartir experiencias y trabajar para un fin común con amistades, con la familia, en nuestro trabajo y en la vida en general; aportando nuestra luz para iluminar a todos los que pasan por nuestro lado.

Si una vela enciende otra, así pueden llegar a brillar miles de ellas. De igual modo si iluminas tu vida, puede que ilumines otra vida hasta llegar a iluminar a miles de vidas.

Un fósforo es un objeto aparentemente insignificante pero tiene un gran poder: Puede encender miles de luces, pero para lograrlo tiene que arriesgar su cabeza.

¡Arriésgate a compartir tu luz, tu tiempo, tus conocimientos, tus afectos, tus pertenencias!

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